Las ofrendas de Huaquechula, Patrimonio de Puebla

Una de las expresiones más trascendentales del año para la cultura mexicana es el Día de Muertos, festividad que tiene sus orígenes desde la época prehispánica en la cual se honra a nuestros seres queridos fallecidos.

En la época prehispánica el culto a la muerte era uno de los elementos básicos de la cultura, cuando alguien moría era enterrado envuelto en un petate y sus familiares organizaban una fiesta con el fin de guiarlo en su recorrido al Mictlán. De igual forma le colocaban comida que le agradaba en vida, con la creencia de que podría llegar a sentir hambre.

La celebración del Día de Muertos se lleva a cabo los días 1 y 2 de noviembre, ya que esta se divide en categorías: de acuerdo con el calendario católico, el 1 de noviembre corresponde a Todos los Santos, día dedicado a los “muertos chiquitos” o niños, y el día 2 de noviembre a los Fieles Difuntos, es decir, a los adultos.

En nuestro estado, existe una tradición que se ha ganado la reputación como Patrimonio Cultural de Puebla y que cada año hace que cientos de visitantes caminen curiosos por las calles de Huaquechula. Cada altar ofrece ofrendas que oscilan entre los 30 mil y 80 mil pesos en su fabricación, entre los materiales y la comida que se ofrece a todos los visitantes.

México desconocido

Los altares se conforman de platillos tradicionales, dulces y guisos que habitualmente prefería el ser difunto. Los tres niveles representan: el plano terrenal, el cielo y la cúspide celestial, nivel en el que se coloca un crucifijo o alguna representación de este plano para los familiares.

Las puertas de las casas se abren para señalar el momento en que es posible visitar las ofrendas. Es costumbre presentarse con alguna veladora que se coloca al pie del altar, hacer una breve reflexión respetuosa o elevar una plegaria por el difunto. Una vez que el visitante se dispone a salir, el dueño de la casa le invita a “echarse un taquito”. Se estilan el mole y los frijolitos caldosos acompañados de pan blanco y champurrado o chocolate; a veces tamales de masa, arroz o alguna variante del guiso con carne de puerco, dependiendo de las posibilidades económicas de los anfitriones.

Aunque este año no se permitirá el acceso al turismo como tradicionalmente se hacía, en el municipio de Huaquechula se colocarán 36 altares monumentales como parte de la temporada del día de muertos y éstos serán dedicados a las personas fallecidas a causa de la COVID-19, siete de ellas en Estados Unidos y dos en el municipio.

Huaquechula se ubica entre la Sierra Mixteca y el volcán Popocatépetl, a 56 km del suroeste de la ciudad siguiendo la carretera 438D.

Desmitificando al chile en nogada — Menú Acapulco

A principios del mes patrio el escritor Enrique Ortiz (Tlatoani Cuauhtemoc) hizo un hilo de twitter en el que aclara varios de los mitos que se han creado en torno al platillo insignia de la Patria mexicana, en este publicación los condensamos para ti.

MITO: Fueron creados para Agustín de Iturbide

El hilo abre con la aclaración del quizás el mito más importante en torno al chile en nogada, pues nuestro tuitero refiere a que la receta de los chiles no fue creada para la visita del Emperador de México el 27 de septiembre de 1821, sino que ya estaba contenida en un recetario de más de 100 años.

Lee los demás mitos en Menú Acapulco, dando clic aquí.

Talavera mexicana, Patrimonio de la Humanidad

La talavera es un tipo de mayólica (loza con esmalte metálico, fabricada antiguamente por los árabes y españoles, que la introdujeron en Italia y posteriormente a México) que se produce desde el siglo XVI en las zonas de Puebla y Tlaxcala, siendo esta un ícono representativo de la ciudad de Puebla, estando presente en iglesias, conventos, fuentes y vajillas con sus característicos colores azul, amarillo, negro, verde, el naranja y malva.

El proceso para la fabricación de la talavera parte de la mezcla de dos tipos de barro, que solo se dan en la región de Puebla y Tlaxcala y que le dan la composición que este material requiere para ser trabajado. Debe elaborarse a mano; el vidriado de los artículos elaborados contiene estaño, plomo y zinc, y la base, la parte no visible que toca la superficie, no es vidriada y expone el color terracota de la arcilla, además de tener tener inscrito el logotipo de la casa fabricante o las iniciales del artista y la ubicación de la fábrica en Puebla.

La talavera se utiliza principalmente para utensilios de uso común tales como platos, jarrones, vasijas, floreros, lavamanos, artículos religiosos y decorativos. En parte, una importante cantidad de talavera fabricada se destina a la decoración interior y exterior de edificaciones en México en forma de azulejos, sobre todo en la ciudad de Puebla.

La cocina poblana es uno de los emblemas más representativos en la decoración con talavera, que va desde los azulejos que decoran los muros y tarjas hasta los platos y utensilios de cocina. Las antiguas cocinas conventuales son las más representativas de estas cocinas, pues implementan muchos diseños en talavera en su decoración y en los detalles de esta.

Durante el XIV Comité Intergubernamental celebrado el 11 de diciembre de 2019 en la ciudad de Bogotá, Colombia, la UNESCO declaró que los procedimientos de fabricación, decoloración y esmaltado de este tipo de mayólica aún sigue realizándose como en el siglo XVI, de manera artesanal y con muy pocas modificaciones a dichas técnicas desde sus inicios en tierras poblanas.

Esta denominación establece un vínculo cultural para mantener viva la tradición. Además de conservar y convertir a la entidad de Puebla en un espacio lleno de historia, cultura y legado artesanal.